El desayuno ha sido muy temprano, permitiéndonos poner el motor, de estribor, en marcha a las nueve en punto. Puestos en contacto por VHF con el contramaestre de la marina- primero por el canal de llamada 16, y después pasando al de trabajo 11 - nos ha indicado que salía con el "mooring boat", una especie de bote "follow me", para guiarnos en la entrada en el puerto. Como decía, la entrada en esta marina es delicada, debiéndose hacer muy pegados a la luz roja de la bocana. A las 9.15 h, levamos ancla y seguíamos a ese bote.
Nada mas entrar en el puerto nos amarramos en el pantalán mas cercano a su bocana. Esta es una marina nueva, con muchos amarres vacíos, y buen refugio en esta costa tan abierta. Está dotado de un sistema de fingers, sin duda por la posibilidad de acometidas aperiódicas de mar, con entradas y salidas de mar que alteran bastante el nivel del agua. Este es un sistema de amarre tremendamente cómodo, y muchísimo mas límpio que el de muertos, que es el que existe en la mayoría de las marinas y en muchos puertos del Mediterráneo. Afirmamos el barco mediante diversas amarras tanto al pantalán como a los dos fingers a nuestro babor y estribor. Después el capitán tuvo que ir a la recepción de la marina a registrar la entrada del barco. Allí preguntó por la posibilidad de asistencia mecánica por parte de un mecánico naval, de forma que no tuviéramos que llamar a los servicios Yanmar ya que están ubicados al otro lado de esta península. Avisaron a un mecánico, que se acercaría al mediodía. En este puerto a los patrones de barcos, ya no les llaman "capitano" sino "comandante". Qué grande es Italia, donde uno asciende rápidamente en el "escalafón de mando". Lo de capitán les debe sonar a poco.
Después de un día como el de ayer, un día en puerto siempre viene bien. Durante la espera, entablamos conversación con unos pescadores que estaban ordenando sus capturas de la pasada madrugada, y tenían su barca amarrada en nuestro mismo pantalán. Un rato después el pescador de mas edad nos trajo, como obsequio, un caballito de mar que había pescado. Este es un buen amuleto, portador de buena suerte, por lo que Ignacio lo puso a secar antes de colocarlo en la cámara junto al barómetro.
Nuestro menú ha consistido en dos entrantes "al centro", que hemos compartido entre los tres, y luego un plato principal. Los entrantes han sido pulpo a la brasa y fritura de pescado, y el plato principal tagliolini con bogavante. Para beber cervezas especiales y coca-cola. En Italia la comida la sirven sin gota de sal, y si se pide una "birra" sirven una botella de 1 l [¡"una litrona"!]. Por ello hay que pedir una "piccola birra", que es la botella de 33 cl. Para finalizar hemos tomado unos deliciosos cafés italianos. Después hemos llamado al marinero, que ha vuelto a recogernos. En esta marina la gente es muy, muy amable. Y encima te llaman "comandante", lo que siempre incrementa la autoestima...
Por la tarde, Ignacio y Susana han alquilado unas bicicletas y se han ido a dar un paseo hasta el pueblo, que esta a 3 km. Yo me he quedado tranquilamente en el barco, leyendo y oyendo música. La cena, a bordo, ha sido muy ligera.





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