viernes, 29 de mayo de 2015

Singladura num.6 Roccella Iónica

Hoy ha amanecido un día tranquilo, sin rastro alguno de la tormenta de anoche. La vista desde el barco de Roccella Iónica, la antigua Amphysia mencionada por Ovidio en su Metamorfosis, es muy bonita. La playa es de arena fina y cubre, sin interrupción, toda la costa suroeste de la "bota de Italia", lo que supone muchos km de playa. Esta costa es muy verde, al menos en primavera, con pequeñas colinas. La densidad de población es muy baja, habiendo emigrado muchos de sus habitantes a otros países europeos, a USA, Australia, etc.


El desayuno ha sido muy temprano, permitiéndonos poner el motor, de estribor, en marcha a las nueve en punto. Puestos en contacto por VHF con el contramaestre de la marina- primero por el canal de llamada 16, y después pasando al de trabajo 11 -  nos ha indicado que salía con el "mooring boat", una especie de bote "follow me", para guiarnos en la entrada en el puerto. Como decía, la entrada en esta marina es delicada, debiéndose hacer muy pegados a la luz roja de la bocana. A las 9.15 h, levamos ancla y seguíamos a ese bote.


Nada mas entrar en el puerto nos amarramos en el pantalán mas cercano a su bocana. Esta es una marina nueva, con muchos amarres vacíos, y buen refugio en esta costa tan abierta. Está dotado de un sistema de fingers, sin duda por la posibilidad de acometidas aperiódicas de mar, con entradas y salidas de mar que alteran bastante el nivel del agua. Este es un sistema de amarre tremendamente cómodo, y muchísimo mas límpio que el de muertos, que es el que existe en la mayoría de las marinas y en muchos puertos del Mediterráneo. Afirmamos el barco mediante diversas amarras tanto al pantalán como a los dos fingers a nuestro babor y estribor. Después el capitán tuvo que ir a la recepción de la marina a registrar la entrada del barco. Allí preguntó por la posibilidad de asistencia mecánica por parte de un mecánico naval, de forma que no tuviéramos que llamar a los servicios Yanmar ya que están ubicados al otro lado de esta península. Avisaron a un mecánico, que se acercaría al mediodía. En este puerto a los patrones de barcos, ya no les llaman "capitano" sino "comandante". Qué grande es Italia, donde uno asciende rápidamente en el "escalafón de mando". Lo de capitán les debe sonar a poco.


Después de un día como el de ayer, un día en puerto siempre viene bien. Durante la espera, entablamos conversación con unos pescadores que estaban ordenando sus capturas de la pasada madrugada, y tenían su barca amarrada en nuestro mismo pantalán. Un rato después el pescador de mas edad nos trajo, como obsequio, un caballito de mar que había pescado. Este es un buen amuleto, portador de buena suerte, por lo que Ignacio lo puso a secar antes de colocarlo en la cámara junto al barómetro.



A las 12.30 h llegó el mecánico como había dicho, y media hora después, al ver que no había entrado agua en el barco a través de ese sail driver filter, tuvo claro que era que el sensor había cogido humedad. Secó dicho sensor con alcohol, y ya no saltó la alarma. El coste de esta reparación fue de 30 €, lo que nos pareció mas que razonable. Teníamos razones para festejar la rápida y económica reparación, asi que preguntamos en recepción por un buen restaurante en la zona. Nos recomendaron uno, a 6 km del puerto, y nos dieron un teléfono de un taxista. Llamado éste, nos dijo que no podía atendernos en esos momentos, y al preguntarle por el teléfono de algún otro taxista que sí pudiera estar disponible, nos respondió que él no daba el teléfono de sus competidores. Dicho esto en la recepción, nos han mandado un pequeño coche conducido por uno de los marineros de la marina. Este nos ha llevado al restaurante "La Bottega de la Carcina". Este es un restaurante muy agradable, con una comida de calidad y no caro, aunque tampoco barato. En estos momentos hay incluso un camarero que habla un poco de español.


Nuestro menú ha consistido en dos entrantes "al centro", que hemos compartido entre los tres, y luego un plato principal. Los entrantes han sido pulpo a la brasa y fritura de pescado, y el plato principal tagliolini con bogavante. Para beber cervezas especiales y coca-cola. En Italia la comida la sirven sin gota de sal, y si se pide una "birra" sirven una botella de 1 l [¡"una litrona"!]. Por ello hay que pedir una "piccola birra", que es la botella de 33 cl. Para finalizar hemos tomado unos deliciosos cafés italianos. Después hemos llamado al marinero, que ha vuelto a recogernos. En esta marina la gente es muy, muy amable. Y encima te llaman "comandante", lo que siempre incrementa la autoestima...

Por la tarde, Ignacio y Susana han alquilado unas bicicletas y se han ido a dar un paseo hasta el pueblo, que esta a 3 km. Yo me he quedado tranquilamente en el barco, leyendo y oyendo música. La cena, a bordo, ha sido muy ligera.



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