domingo, 24 de mayo de 2015

Singladura num.1 Rumbo a Sicilia

Hoy nos hemos levantado pronto, y a las siete y media empezamos a preparar todo para soltar amarras. Una vez fuera del amarre, en la dársena grande hemos izado velas ya que la predicción era de vientos de componente SE, buenos para el rumbo a nuestro destino.


En esos momentos había dejado de chispear, pareciendo que iba a despejar el día.


La maniobra de izado de velas en la dársena, con vientos fuerza 4, nos ha llevado un poco de tiempo pues hemos tenido tráfico de mercantes, que nos han obligado a mantenernos constantemente fuera de su derrota.


Pasadas las ocho y media cruzábamos la bocana del Grand Harbour de La Valletta. Lo primero que hemos hecho después ha sido comprobar el funcionamiento de la potabilizadora de agua, lo que no quería hacer Ignacio en el interior del puerto, donde las aguas no estan muy limpias y pueden ensuciar los filtros.


A las nueve y media hemos desayunado propiamente dicho, ya que a primera hora solamente habíamos tomado una taza de café con leche para podernos poner en marcha. El desayuno a bordo del Vitamina es el "continental": café y zumo de naranja, fruta - kiwis, piña y/o plátano -, cereales, fiambres, mermelada, pan tostado con mantequilla. Es importante desayunar bien para luego aguantar el resto de la singladura.

A las once ha caido el viento de forma repentina, hasta fuerza uno, lo que nos ha llevado a meter motor, y navegar asi el resto del día. Algo mas tarde se levantó mas viento pero de proa, o sea "de morrazo", como suele ser habitual en el Mediterráneo. E incluso volvió a llover durante un largo rato.

A las 14.45 h pusimos la mesa para comer. Estabamos en So (36º 23´,34N, 014º 58´,31 E), y la navegación era muy tranquila. Esta singladura ha sido la de mi "ajuste" a la navegación en catamarán. Esta clase de barcos conllevan sensaciones muy distintas a las producidas por los monocascos, los veleros de toda la vida. Esas sensaciones provienen de la falta de escora, con ese movimiento alternativo entre los dos cascos, el de babor y el de estribor, movimiento que implica escasa o nula - salvo en temporales con gran oleaje - inclinación. En un monocasco, el navegante "siente" en el cuerpo el movimiento tridimensional del barco con cada ola que entra: el movimiento vertical, al subirla y bajarla, a la vez que ese otro movimiento horizontal, de giro respecto al eje vertical, producido por el efecto de la ola primero sobre la orza y después sobre la pala del timón. Uno se amolda al movimiento armónico, periódico, del barco de forma natural. La verdad sea dicha, ese ajuste me ha costado un poco de tiempo, un par de horas, lo que me ha sorprendido.

A las cinco de la tarde, cerca ya de la costa siciliana, hemos cambiado el rumbo para evitar a un carguero que navegaba lentamente y llevaba rumbo de colisión con nosotros.


Media hora después entrábamos en la rada de Porto Palo, en la esquina SE de la isla de Sicilia, muy protegida. En ella había bastantes pesqueros, fondeados todos ellos con ayuda de boyas. Aun cuando quedaban libres algunas de éstas, supusimos que cada una de ellas tenían ya barco asignado. Fondeamos en medio de la rada, sobre fondo de arena.

A eso de las nueve, cenamos y tras una breve sobremesa, nos retiramos a descansar. Habiamos recorrido 57 millas en nueve horas y media.

No hay comentarios:

Publicar un comentario